Con la excusa de campear a mi bretona Bilma

Mi querida bretona de dos años y medio de edad, la cual, aunque por motivos laborales no he podido dedicar el tiempo que realmente hubiera requerido su adiestramiento, parece que este año va a romper y a cazar tal y como espero de ella.

Aprovechando que tengo la tarde de sábado libre, salgo de trabajar y una vez hecho el almuerzo, escopeta, morral, canana y perro en el coche, me dirijo hacia mi coto de zorzales en San José del Valle (Cádiz), con la excusa de campear a mi bretona Bilma y la esperanza de que me pueda mostrar algún conejillo de los que, según dice el vaquero de la finca, hay detrás del granero, en una especie de cantera. Una vez allí me detengo a hablar con él para que me indique con un poco más de exactitud. Indicaciones recibidas, canana colocada, morral a la espalda y escopeta en mano, abro el maletero para que salga Bilma, que, como si de un caballo desbocado se tratara, sale dando saltos y se me tira encima intentando chuparme la cara. Ganas no le faltan. Queda claro que sabe dónde estamos y para qué hemos venido.

Ya en el campo, viento de cara, empezamos a cazar. Como era de esperar, Bilma está eufórica por ser su primera salida en la general y se está alargando demasiado, suerte que atiende bien a mi llamada, pero mala suerte también, pues en uno de esos momentos que se me había despegado, ha hecho que se escurriera un conejo que ni he podido tirar ni ella mostrar, pero que a buen seguro hubiera sido el primer lance de la tarde. Aunque sé que por esta zona está “todo el pescado vendido”, decido darle un par de vueltas, con una pizca de esperanza de que alguno se haya quedado encamado y con la idea principal de que mi compañera se desfogue un poco y empiece a cazar de forma más pausada.

Pasado un tiempo prudencial, visto que sólo había servido para esto último, cambio de zona a una más espesa. Nada más entrar, Bilma se pone muy nerviosa y no para de buscar entre tres matorrales, a buen seguro algún rastro está siguiendo. A pesar de lo espeso de la zona, encuentro una ubicación desde la cual diviso cualquier posible escapada del perseguido, que, pasados unos minutos, nos hace ver que una vez más nos han vuelto a ganar la partida.

Proseguimos por la parte derecha de esta zona con la idea de seguir recto para hacer una especie de U rodeándola. A poco de empezar por este recorrido imaginario, de reojo, veo cómo sin previo aviso, Bilma emprende una carrera tras un conejo, que, con el fin de despistarla, se ha metido en una zona de vegetación de un metro de altura, para sólo dejarme ver cómo se van moviendo las ramas a su paso. Guiado tan sólo por ésto, encaro y aprieto el gatillo, al ver que no consigo frenar su huida repito esta acción hasta en dos ocasiones más.

Parece que no he conseguido acertar, sin embargo, en el último disparo, de manera muy extraña, ha aminorado la marcha y ha cambiado su dirección. Sin dar el lance por perdido, apresurado, meto un cartucho en mi repetidora, buena determinación, pues a unos 20 metros a mi derecha, mermado, debido a que lo había tocado en el tercer disparo, sale a un claro de manera que me facilita el abatirlo, por raro que parezca, de un cuarto disparo. Una vez limpio y en morral, después de beber ambos un poco de agua, seguimos.

Bilma está cazando muy bien, enérgicamente, a no más de diez metros de mí y repasando cada palmo de terreno. Por unos momentos la pierdo de vista y no lo escucho, efectivamente está de muestra. En un matorral relativamente grande, tiene una piedra alta pegada, a la que, confiando en que no rompa la muestra, sigilosamente, decido subirme para tener una mejor perspectiva del posible lance. Le doy el aviso y hace por entrar, pero parece que el conejo se ha escurrido dentro del mismo matorral y sale para darle la vuelta y entrarle por otro lado, ahora sí, como alma que lleva el diablo, sale justo por donde pensaba que lo haría. Tras el primer disparo, Bilma que lo estaba siguiendo, lo ve rodar y lo atrapa, responde a mi llamada trayéndole, sentándose y haciendo entrega, previos halagos y caricias, un lance perfecto!

Con marcha pausada proseguimos la búsqueda, a pesar de que observo muchas escarbaduras de ese mismo día, no somos capaces de avistar ninguno, eso me hace pensar que, resabiados por el acoso constante de las numerosas alimañas que pueblan el coto, no esperan más que el mínimo ruido para buscar la seguridad de sus madrigueras. Mi teoría se confirma, pues hasta en dos ocasiones veo cómo se da este caso. Y una vez llegado a la zona donde los había perdido de vista, a pesar del nerviosismo de Bilma una vez que daba con los rastros, parecía que, nunca mejor dicho, se los hubiera tragado la tierra.

El sol se va escondiendo tras el monte, dejando grabada en mi retina una de esas imágenes digna de enmarcar. Pero en vista de que mi compañera aún tiene ganas de más y de que está cazando perfectamente y cerca de mí, antes de dar por finalizada la jornada, decido ir a un pasto colindante con la cantera, por si pudiéramos sorprender a alguno que se haya alejado de su morada más de lo que debiera.

Caminando a paso ligero con la escopeta en el hombro, a punto de llegar al alambrado que nos separa del próximo cazadero, cuando menos me lo esperaba, a unos cinco metros arranca uno la carrera, encaro lo más rápido que puedo, a pocos metros de donde se dirige hay un pequeño muro hecho de piedras, así que, sabedor de que sólo tendré una oportunidad, justo en el momento que va a pasarlo, aprieto el gatillo. Creo haber estado rápido y certero, pero justo en ese momento lo he perdido de vista, muy esperanzado me acerco a donde había realizado el disparo. Una vez allí compruebo que efectivamente había estado rápido, pero en absoluto certero.

Ya en el llano del pasto, imaginándome lo bonito que podría llegar a ser un lance en ese terreno, calculo un recorrido acorde al tiempo que debe quedar de luz y comienzo a cazarlo, no habría llegado a la mitad cuando Bilma levanta el hocico, aumente notablemente la velocidad de búsqueda por unos segundos, para posteriormente quedarse totalmente petrificada, con la mirada fija a 30 centímetros de sus ojos. Me apresuro a colocarme detrás suya, el escenario es muy claro, pero por mucho que miro, a pesar de lo cerca que estoy, no consigo distinguir nada.

Ya preparado, pensando en la posibilidad de que incluso pueda ser una liebre, con el corazón a más de doscientas pulsaciones por minuto, le doy la voz de aviso a Bilma para que rompa la muestra y haga salir a la presa, caso omiso, vuelvo a darle el aviso hasta en tres ocasiones, desconozco el por qué, pero no rompe la muestra, mis pulsaciones han de ir por trescientas, un minuto de muestra y sin novedades, le noto hasta un pequeño tembleque de los nervios que tiene, no me puedo ver a mí mismo, pero no sería de extrañar que estuviera en ese mismo estado.

En vista de lo interminable y agónico del lance, decido empujarla con la planta del pie, ahora sí rompe la muestra y realiza una especie de ataque hacia donde tenía fijada la mirada, al ver que no hay nada, mecánicamente y en una décima de segundo, ni medio metro más adelante de donde se había puesto la primera vez, retoma la posición de muestra, ya al borde del infarto le vuelvo a dar el aviso, esta vez sí rompe la muestra y el escurridizo conejo sale a una velocidad tal que en pocos metros consigue dejar atrás a su perseguidora. Dejando una distancia prudencial encaro y en el primer disparo consigo hacerme con él, sin embargo la velocidad y las ganas de Bilma han hecho que se pasara de largo y ahora, curiosamente, está dando botes para conseguir avistar al pobre conejillo que yace a unos veinte metros de donde me encuentro. Respondiendo a mi llamada, de camino hacia mí, le da el viento y me lo trae para finalizar así un emocionante lance difícil de haberme imaginado.

Satisfecho por lo que la tarde había dado de sí y, por supuesto, con el trabajo de Bilma, doy por finalizada la jornada y me dirijo al coche que dejé al lado del granero. Luis, que me ve venir, aguarda para preguntar qué tal me había ido, cuando le comento que he cobrado tres, con cara de asombro, me dice: “Es un logro hacerse con tres conejos aquí con tan sólo un perro de muestra”.

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